Renacer

Por: Jessica Campos

A un día para dar fin al presente año, miramos atrás y podemos ver cómo fuimos capaces de tomar riesgos, completar metas, cerrar ciclos y controlar nuestros miedos.

A pocas horas para iniciar un nuevo año, sale a brote esa montaña rusa de emociones por querer hacer, sentir y presenciar todo aquello que incluye nuestro Plan.

Hay quienes desde el día 1 ya tienen todo organizado para inciar la nueva ruta. Hay otros que prefieren que la vida los vaya sorprendiendo momento a momento. Ambos son válidos, cada quién elige su manera de Respirar y Vivir.

Lo que sí es cierto es que ésta fecha debemos aprovecharla para prepararnos internamente, darle una pausa a nuestra mente, tomar control de esa fuerza propia que emerge desde adentro y centrar nuestros esfuerzos en esa única acción que todo cierre trae consigo: renacer.

Renacer implica caminar con más firmeza después de cada aprendizaje, alzar nuestra voz dónde por uno u otro motivo decidimos silenciarla, adicionar un poco más de hechos que palabras y lo más importante de todo generar oportunidades.

Renacer define ese segundo chance que obtenemos cuando decidimos dejar pasar el primero. Levantarnos con cabeza en alto y fijar mirada sólo en dirección a nuestro norte. Establecer metas reales donde el impulso a lograrlas haga relucir más de una sonrisa en nuestras miradas.

Renacer se refiere a darle protagonismo a nuestro Yo, ir trabajando a nuestro paso, sin prisa y sin mirar al lado, dejando sólo visible todo aquello que hemos ido preparando para compartir con el entorno.

Que este nuevo año sea un camino lleno de metas, que se vaya alumbrando con cada éxito logrado, que invite a todo aquel que vaya cruzando a ser parte de nuestra propuesta y que cada día vayamos aprendiendo a vivir más desde el Amor.

Feliz cierre del año 2018 y bienvenido 2019. Un fuerte ¡Hurray! para ambos.

Respira y Vive

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Mirar a los ojos

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Por: Jessica Campos

Suena curioso reconocer que en los últimos años hemos dejado a un lado una de las prácticas que tiene mayor peso cuando estamos frente a otros. Es inevitable ir de la mano con la tecnología, pero debemos admitir que ha sido una de las responsables en cambiar nuestras opciones cuando de comunicación se trata.

Soy fiel seguidora de volver a esa parte de la historia donde un manuscrito valía mil palabras. Tal vez por el hecho de relacionar el tipo de letra con su autor, o quizás ese toque de imaginación que nos tocaba realizar para ubicar mentalmente el mejor emoticon adaptado al contenido. Era indiscutible admirar cómo las palabras fluían cuando se tenía inspiración, y cómo el tiempo asumía presión obligando a dejar todo dicho en el momento. Pero no quiero desviarlos, guardaré este tema para otro post, mi enfoque por ahora está basado en lo que menciono a continuación.

No estoy en contra de la cartera de dispositivos que permiten acercarnos a aquellos que están donde los brazos no alcanzan. Sólo voy en pro de recuperar esos gestos que solíamos realizar cuando alguien se acercaba a nosotros para exponer su opinión. Esa señal simple, sencilla, y sin costo alguno que ofrecíamos a quién tenía al mando el alza en la voz; una práctica única, universal, resumida en cuatro palabras: Mirar a los ojos.

Desde pequeños nos invitan a mentalizar las famosas normas del buen oyente. Sin embargo, aquella que indica “mirar al hablante” ha sido la más afectada por los siguientes tres detonantes, que siendo aún nuevos, escogí mencionarlos por antigüedad: WhatsApp , Instagram & Snapchat. Algunos afirman que es culpa de las aplicaciones en nuestros dispositivos y sus notificaciones lo que hace que nos tente a desviar la atención con frecuencia. Tal vez sea cierto, pero la palabra culpa es muy fuerte para ser usada en cualquier contexto y la decisión a desviar miradas, créanme, está en nuestras manos. Una vez más vuelvo a asegurar que no estoy en contra de la tecnología, es sólo una referencia para afirmar su parte corresponsable en la pérdida de la práctica mencionada en el párrafo anterior.

Hace un par de años pude evidenciar de cerca eso que dicen de la famosa Gioconda de Da Vinci, quien ofrece su mirada desde cualquier lugar que tomes frente a ella. Y sí, como todo turista en el lugar caminé de lado a lado mirando fijamente hasta comprobar lo descrito. Quizás pudiéramos tomar su ejemplo, aplicando su técnica a cada uno de aquellos que nos ofrece su diálogo. Sin importar el tiempo transcurrido, podemos estar allí como ella, atentos en un encuentro de miradas, bueno tal vez exceptuando su postura rígida y su extraña sonrisa.

Con lo descrito hasta ahora, pido disculpas si remontarse a épocas anteriores o retratos plasmados en grandes museos nos hace menos original. Sólo soy su fan, y el objetivo de esta lectura es dejarles mi propuesta que va en miras de darle la mejor bienvenida a ese alguien que se acerca a nuestro lado. La comparto.

Si está a nuestra derecha, giramos en esa dirección y ubicamos mirada.

Si está a nuestra izquierda, giramos en esa dirección y ubicamos mirada.

Si está en frente, sólo ubicamos mirada.

Un toque de atención plena,

Y sonreímos.

Que tu aporte nos permita sumar miradas que valen. Por mi parte, puedes asegurar que la tienes desde el momento que iniciaste tu lectura. Sigo aquí atenta, y por supuesto sonriendo.

Respira y vive